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Bombardeo artillero






El lanzador de obuses M-110
Este cañón está diseñado para lanzar obuses hacia objetivos distantes siguiendo trayectorias curvadas de gran altura. A veces se necesitan vehículos orugas para desplazar los lanzadores con mayores carcasas, como en el caso de este M-110 de 203 milímetros.


Bombardeo artillero, ataque total de grandes cañones en operaciones militares terrestres. Los primeros cañones utilizados en batalla en el siglo XIV eran toscos tubos de hierro forjado que disparaban grandes piedras. Se sabe que los ingleses utilizaron el cañón en la batalla de Crecy en 1346. Entre 1450 y 1850 el cañón se fabricaba de bronce o hierro colado. Hacia 1500 ya era habitual utilizar una carga metálica. Las fortificaciones cambiaron para afrontar esta nueva amenaza. Como los muros elevados podían ser derruidos por la artillería de asedio, se comenzaron a levantar muros de defensa más gruesos que altos. A fines del siglo XVII el ingeniero francés Vauban empezó a construir grandes fortificaciones en forma de estrella que permitían a los defensores utilizar su artillería y mosquetes en campos de fuego cruzado. En 1784 se descubrió la granada de metralla, que contenía balas de mosquete o fragmentos de metal y resultaba de gran eficacia contra la infantería o la caballería. Durante el siglo XIX se produjeron rápidos cambios en el diseño artillero: con la introducción de los cañones rayados, la retrocarga, la pólvora sin humo y el cilindro de largo retroceso, los cañones pudieron ser disparados de un modo más rápido y preciso y los campos de batalla dejaron de verse cubiertos por nubes de humo blanco. Los teléfonos de campaña y después la radio, permitieron utilizar los cañones en tiro indirecto, con un observador que corregía el disparo mientras los cañones permanecían a cubierto. Hasta entonces se había utilizado el tiro directo, en el que los servidores del arma podían ver el blanco y así corregir la puntería.
La artillería se empleó mucho durante la I Guerra Mundial en bombardeos de largo alcance, y en 1918 los alemanes dispararon granadas sobre París desde distancias de 120 kilómetros o más. La I Guerra Mundial vio también el desarrollo de los morteros modernos, los cañones antiaéreos y la utilización de grandes y precisas cortinas de fuego artillero. Se emplearon cañones para lanzar granadas que contenían armas químicas tóxicas (véase Armas ligeras). Durante la II Guerra Mundial se desarrollaron los tanques y los cañones contracarro, y la artillería se montó sobre chasis oruga para proporcionarle una mayor movilidad en el campo de batalla.
La artillería se divide por lo general en dos grupos: de tubo y de cohete. La artillería de tubo comprende cañones rayados convencionales, que en Occidente están por lo general entre los 105 y 155 milímetros de calibre. Hay cañones de mayor calibre, pero no son tan comunes. La artillería de cohete se refiere a los misiles tierra-tierra (SSM surface-surface missile) que evolucionan sobre una trayectoria balística para alcanzar blancos en el campo de batalla, aunque quizá tiene más que ver con las lanzaderas de cañones múltiples que disparan una cortina de proyectiles no guiados sobre un blanco terrestre (véase Balística).
La artillería puede ser muy precisa, pero dado que las granadas pueden verse afectadas por la atmósfera y están sujetas a las fuerzas de la gravedad, siempre hay cierto grado de imprecisión. Así pues el fuego debe ser corregido por un oficial de observación avanzado, que puede ver el blanco y la caída de las granadas y envía por radio sus correcciones a los puestos artilleros. El fuego indirecto se realiza cuando los cañoneros no pueden ver los blancos de sus descargas. El fuego directo es menos habitual, y se puede producir cuando el artillero combate con tanques o contra posiciones fortificadas. La granada de artillería daña al tanque, o lo destruye por la fuerza de la explosión, por la metralla o por los fragmentos que se producen al estallar la granada. La espoleta de la granada puede estar preparada para estallar por el impacto, con retraso o en el aire, sobre tropas o vehículos. Las granadas pueden contener alto explosivo (HE - high explosive) o fósforo blanco (WP - white phosphorus), que produce un humo blanco y hace arder hombres y edificios (véase Explosivos).
La artillería de cohete tiende a ser más destructiva que la artillería de tubo, pues su funda más delgada le permite cargar mayores cantidades de explosivo. Las lanzaderas múltiples lanzan sobre el blanco territorial una salva de cohetes que puede ser muy devastadora. Los cohetes modernos llevan cabezas diseñadas para explotar a una altura predeterminada y diseminar municiones más pequeñas sobre el blanco. Los sistemas de navegación por satélite, de búsqueda mediante láser y la radio aseguran una mayor precisión tanto a la artillería de tubo como a la de cohetes. El avance en espoletas y cabezas hacen que ambas formas de bombardeo artillero posean una alta capacidad destructiva.


jueves, 10 de febrero de 2011

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